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Interferencia entre cóndores Individuales
Individuos de la misma especie de cóndores también pueden pelear y
desplazarse entre sí. Al norte de la Patagonia, Donázar et al. (1999)
estudiaron los Cóndores Andinos en las carroñas y constataron una
jerarquía de dominio basada en el tamaño, el sexo y la edad. Los cóndores
machos, cuyo peso era 36 a 37% más que el de las hembras, dominaban a
estas sin importar la edad. Además, dentro de cada grupo de sexo, las aves
más viejas dominaban a las más jóvenes. Así, los cóndores machos adultos
ocupaban el nivel más alto de la jerarquía de dominio, mientras que las
hembras jóvenes ocupaban el nivel inferior.
Considerando que los machos y
las hembras más viejas las alejaban de la carroña, las hembras jóvenes
tendían a evitar alimentarse en las montañas, en donde el alimento era más
abundante y el encuentro con los machos y las hembras más viejas sería más
probable. En lugar de eso, se alimentaban con mayor frecuencia en las
planicies, donde era menos probable encontrar alimento, y por ello más
probable que se evitase las confrontaciones con los machos y las hembras
más viejas cuando encontraban alimento. Los machos y las hembras adultas
preferían alimentarse en las montañas ricas en alimentos.
Al norte de Perú, Wallace y Temple (1987) registraron resultados un poco
diferentes. Ellos constataron que mientras que los Cóndores Andinos machos
usualmente desplazaban a las hembras de la misma edad de las carroñas, las
hembras algunas veces desplazaban a los machos un año menor que ellas.
¿Por qué están los Cóndores en Peligro de Extinción?
Actualmente los cóndores son menos abundantes que al inicio del siglo XIX
porque el hombre los ha cazado y envenenado en grandes cantidades. El
envenenamiento proviene básicamente de dos fuentes: (1) venenos colocados
para matar a depredadores como coyotes, lobos,
pumas y osos y (2) el
envenenamiento por municiones de plomo. Las colisiones con cables de
energía eléctrica suspendidos también han causado algunas muertes de
cóndores.
La mayor amenaza del Cóndor Californiano es actualmente el envenenamiento
por plomo (Pattee et al., 1990; Meretsky et al. 2000, 2001; Snyder y
Snyder, 2000). Cuando los cóndores se alimentan de animales muertos por
los cazadores con proyectiles de plomo, generalmente ingieren el plomo
junto con la carne. Con el tiempo, la cantidad en su cuerpo aumenta porque
las aves no poseen mecanismos naturales para eliminar el plomo del cuerpo.
Eventualmente, las concentraciones de plomo se vuelven tan altas que los
cóndores mueren.
Durante los años 80, los Cóndores Californianos morían con tanta
frecuencia por envenenamiento con plomo que el gobierno capturó a los
últimos especimenes para reproducirlos en cautiverio porque no había una
forma práctica de protegerlos del envenenamiento (Bessinger, 2002). Desde
inicios de los años 90 hasta nuestros días, algunos de los cóndores
capturados y sus polluelos reproducidos en cautiverio han sido liberados
en la naturaleza, con la esperanza de establezcan nuevas poblaciones
viables.
Desafortunadamente, debido a que los cazadores del área donde los
cóndores son liberados continúan vendiendo y comprando municiones que
contienen plomo, los cóndores salvajes están muriendo nuevamente a tasas
altísimas debido al envenenamiento por plomo. Meretsky et al. (2001)
concluyeron que las actuales tasas de mortandad son tan elevadas que se
aproximan a las “desastrosas tasas de mortandad” de los años 80 y, por lo
tanto, son insostenibles.
El problema del envenenamiento por plomo podría resolverse exigiendo a los
cazadores que utilicen municiones de substancias no tóxicas, tales como
compuestos de TTB (estaño, tungsteno y bismuto), y prohibiendo a las
tiendas la venta de municiones de plomo. La eliminación gradual del plomo
en las municiones, como ocurrió con el plomo en las pinturas y la gasolina,
no sólo beneficiaría a los cóndores, sino también a otras especies
silvestres y a los seres humanos (Beissinger, 2002).
Otra fuente importante de mortandad de los cóndores es la caza (Snyder y
Snyder, 2000). Siempre existirán algunos egomaníacos que dispararán a aves
gigantes como los cóndores para intentar probar su masculinidad o
simplemente para ver “qué diablos es esa enorme ave (McMillan, 1968;
Snyder y Snyder, 2000)".
Aunque muchas actividades de los cazadores son prejudiciales para los
cóndores, no es correcto concluir que los cazadores y los cóndores son
necesariamente incompatibles. En algunas circunstancias, la caza podría
beneficiar a esas aves. Por ejemplo, si los cazadores no disparasen a los
cóndores, si utilizasen municiones no tóxicas para la caza deportiva y
dejasen parte de los animales muertos para que los cóndores se alimenten,
esto podría ayudarlos proporcionándoles más alimento (Snyder & Snyder,
2000). Incluso estos cazadores "responsables” podrían ser importantes para
los cóndores en áreas donde se hayan exterminado a los grandes
depredadores, porque estos depredadores acostumbraban a dejar carroña para
que los cóndores se alimenten. Desafortunadamente, debido a que toda
población de cazadores tiene algunos malos individuos y sólo se necesitan
unos cuantos de ellos para amenazar a toda una población de cóndores, las
autoridades deben supervisar cuidadosamente la caza en las áreas donde
habitan los cóndores y se debe cumplir las leyes en forma estricta. McMillan (1968) proporciona historias preocupantes sobre lo que ocurre
cuando personas irresponsables reciben permiso para cazar sin supervisión
en el área de los cóndores.
La recuperación de las poblaciones de cóndores también se ve amenazada por
otro problema: el comportamiento ingenuo y no natural de los cóndores
jóvenes criados en cautiverio. Estas aves demasiado mansas nunca
aprendieron a sobrevivir con sus padres en el mundo real fuera de los
zoológicos donde fueron criados y, en consecuencia, cuando son liberados
en la naturaleza, algunos se acercan a los humanos sin miedo (Snyder y
Snyder, 2000; Meretsky et al., 2001; Beissinger, 2002).
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Información
sobre esta Revisión
Esta revisión también está disponible en los siguientes idiomas:
inglés
portugués
Autor:
Dr. Paul D. Haemig (PhD en Ecología Animal)
Fotografía:
Cóndor Californiano.
Foto de Kurt
Vile (Estados Unidos da
América)
La
mención correcta es:
Haemig PD
2008
Ecología de los Cóndores.
ECOLOGIA.INFO #25
Si
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omitido en esta revisión, o tiene sugerencias para mejorarla, sírvase
comunicarse con al autor en su dirección de correo electrónico:
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