Haemig PD  (2008)  Ecología de los Cóndores.  ECOLOGIA.INFO 25

Ecología de los Cóndores

Nota: Esta revisión en línea es actualizada y revisada en forma continua, a penas se cuenta  con los resultados de nuevas investigaciones científicas.  Por lo tanto, este artículo presenta información actualizada sobre el tema. 

Los cóndores son gigantescas aves de rapiña que sólo se encuentran en el hemisferio occidental. Dos especies son reconocidas: el Cóndor Andino (Vultur gryphus) en América del Sur y el Cóndor Californiano (Gymnogyps californianus) en América del Norte.

El Cóndor Andino posee mayor tamaño, con una envergadura de hasta 3,2 metros, en comparación con los 2,7 metros del Cóndor Californiano (Houston, 1994). Aunque los cóndores poseen suficientes diferencias para ser clasificados en dos géneros, se encuentran más estrechamente relacionados entre si que otras aves (Sibley y Alquist, 1990) y su ecología es similar.

Los cóndores pertenecen a la familia de aves Cathartidae (también denominada Vulturidae). A esta familia se le conoce popularmente como “Gallinazos del Nuevo Mundo" porque todos sus miembros se encuentran sólo en el hemisferio occidental. La Cathartidae incluye al conocido Gallinazo Cabecirrojo (Cathartes aura) y al Gallinazo Cabecinegra (Coragyps atratus), así como también otras tres especies. Todos tienen la apariencia de ave de rapiña y se especializan en encontrar y alimentarse de carne de animales muertos. Sin embargo, a diferencia de los Gallinazos del Viejo Mundo, de apariencia similar y que están relacionados con los halcones y las águilas, los Gallinazos del Nuevo Mundo están relacionados con las cigüeñas (Sibley y Alquist, 1990).

En el presente informe, se revisa las diversas formas en las que ambas especies de cóndores interactúan con otros animales, plantas y con el medio ambiente, y se explica por qué los cóndores están en peligro de extinción.

Biología General

Ambos cóndores se alimentan principalmente da carroña de mamíferos. Normalmente anidan en precipicios escarpados, sin embargo existen algunas excepciones (véase más adelante). La nidada es generalmente de un huevo, si embargo, si algo malo ocurriese, éste será reemplazado con otro huevo. Debido a que los cóndores padres requieren más de un año para criar a un polluelo, la tasa de reproducción es extremadamente baja: generalmente sólo un polluelo, en promedio, cada dos años.

Los Cóndores Andinos en período de reproducción buscan alimento hasta 200 Km. lejos de sus nidos, mientras que los Cóndores Californianos lo hacen hasta en 180 Km. (Wallace y Temple, 1987b; Meretsky y Snyder, 1992). Sin embargo, cuando los alimentos se concentran en un área pequeña, el radio de búsqueda de alimentos del cóndor es menor. Por ejemplo, en la costa árida del Perú, donde el océano arrastra a la orilla un "suministro de alimentos extraordinariamente constante" de mamíferos y aves marinas muertas, algunos Cóndores Andinos limitan su búsqueda de alimentos a "trechos de playa de varios kilómetros de largo (MP Wallace en Snyder y Snyder, 2000)."

Snyder y Snyder (2000) enumeran tres requisitos de hábitat para los cóndores: (1) vientos o corrientes ascendentes de aire caliente razonablemente confiables para volar alto, (2) un hábitat de alimentación suficientemente despejado como para descubrir y llegar a la carroña y (3) suministros adecuados de carroña. Un estudio sobre los Cóndores Andinos al sur de Chile descubrió que estos animales vuelan alto mayormente cuando los vientos son moderados (25-48 Km./h), y con menor frecuencia cuando los vientos son fuertes, es decir, más de 64 Km./h (Sarno et al., 2000).

Distribución

A principios del siglo XIX, el Cóndor Andino se reproducía a lo largo de toda la Cordillera de los Andes, desde el oeste de Venezuela hasta Tierra de Fuego. Aunque esto aún se registra en la mayor parte de esta cordillera, estos animales han sufrido una intensa persecución por parte de los seres humanos y han sido exterminados en muchas localidades (Ridgely y Greenfield, 2001).

De acuerdo con Murphy (1932), el Cóndor Andino es “un ave de montaña”, que se mantiene a grandes alturas en las "partes lluviosas y cubiertas de vegetación de América del Sur", pero que "regularmente desciende hasta a nivel del mar en áreas desérticas", tales como a lo largo de la costa del Pacífico de Perú y al norte de Chile, y también a lo largo de la árida costa atlántica de la Patagonia, desde el sur del Rió Negro hasta el Estrecho de Magallanes (Murphy, 1936).

Además de existir en las principales cadenas de la Cordillera de los Andes, el Cóndor Andino también se encuentra en algunas cadenas montañosas cercanas. Por ejemplo, en las zonas temperadas y los páramos de la Sierra Nevada de Santa Marta en la costa caribeña de Colombia (Norton, 1975; Hilty y Brown, 1986), en la Sierra de Perijá en la frontera de Colombia con Venezuela (Calchi y Viloria, 1991; Hilty, 2003) y en la Sierra de Córdoba en el centro de Argentina (Hendrickson et al., 2003). También ingresa al territorio Brasileño, en el estado de Mato Grosso, específicamente en la “región del Río Jauru al oeste de Cáceres (Sick, 1993)”.

En el siglo XIX, el Cóndor Californiano se encontraba a lo largo de la costa oeste de América del Norte, desde el sur de la Columbia Británica hasta la Sierra San Pedro Mártir al norte de Baja California (Snyder y Snyder, 2000). En esa época, está ave también se encontraba en Alberta, Montana, Idaho, Utah y Arizona, pero se desconoce si los especimenes observados estaban anidando al interior de estos estados o simplemente pasaban por allí (Snyder y Rea, 1998; Snyder y Snyder, 2000). Los primeros ornitólogos nunca buscaron nidos del Cóndor Californiano al norte de San Francisco o fuera de California; de modo que se desconoce el alcance exacto de las áreas de reproducción de esta especie durante el siglo XIX.

Las tradiciones orales de los indios Blackfoot relatan observaciones ocasionales y posibles nidos del Cóndor Californiano en Montana y Alberta durante el siglo XIX, y visitas de estas aves durante las matanzas de bisontes en las llanuras (Schaeffer, 1951). Fannin (1897) fue quien confirmó la existencia de cóndores en Alberta, él observó a dos especimenes entre Calgary y las Montañas Rocallosas. En Idaho, se informó que la existencia del cóndor era "frecuente" cerca de Boise antes que los ganaderos comenzasen a "envenenar los cuerpos de animales muertos para matar a los lobos (TE Wilcox en Lyon, 1918)”.

Durante la primavera, a lo largo del Río Columbia, el Cóndor Californiano fue “particularmente vinculado a las proximidades de las cascadas y cataratas, siendo atraído por el gran número de salmones muertos”, de los cuales se alimenta (Townsend en Audubon, 1831-39) . A lo largo del mismo río, también se observó al cóndor “cerca de las villas indígenas [americanas], siendo atraídos por los restos de peces que se estaban regados cerca de sus moradas (Townsend en Audubon 1831-39)”. En Arizona, muchos ornitólogos reconocidos, como Elliott Coues, observaron Cóndores Californianos entre 1865 y 1924, y consideraron que estaban anidando en dicho estado (Snyder y Rea, 1998).

A finales de los siglos XIX y XX, el envenenamiento y la caza de cóndores causaron un masivo descenso de muchas poblaciones, originando la desaparición de ambas especies de cóndores en muchas partes de sus antiguas áreas. La situación se torno especialmente difícil para el Cóndor Californiano, que se extinguió de la naturaleza entre 1987 y 1992.

Afortunadamente, la reproducción en cautiverio y los programas de liberación han comenzado a devolver a los cóndores a la naturaleza en algunos de sus antiguos entornos (como por ejemplo, California, Arizona, Baja California, Colombia y Venezuela). No obstante, debido a que las parejas de cóndores de ambas especies en período anidamiento sólo crían, en promedio, a un polluelo cada dos años, y debido también a que el envenenamiento y la caza aún siguen causando la muerte de los cóndores en índices alarmantes, será necesario que transcurran muchos años antes de que el número de cóndores salvajes vuelva a los niveles del siglo XIX. Hasta entonces, las poblaciones de ambas especies de cóndores seguirán estando amenazadas.

Distribuciones Prehistóricas

Ambas especies de cóndores fueron más abundantes en los períodos prehistóricos que en el siglo XIX. Durante el Pleistoceno en América del Norte y América del Sur, por ejemplo, los cóndores parecen haberse distribuido en ambos continentes, desde el Atlántico hasta el Pacífico, observándose en muchas áreas en donde no se encuentran hoy en día.

Una posible explicación al florecimiento de los cóndores en esta época es que grandes manadas de ungulados, así como también otros grandes mamíferos, como los perezosos y los elefantes, cruzaban las Américas entonces, proporcionando a los cóndores abundante carroña de la que se alimentaban. Muchos de estos mamíferos prehistóricos están en extinción, por lo que la subsiguiente reducción de los grupos de cóndores se puede relacionar de cierta forma con este hecho (Emslie, 1987; Steadman y Miller, 1987).

Sin embargo, también existen otras explicaciones. Por ejemplo, la matanza de cóndores con fines ceremoniales por parte de los indios Americanos (McMillan, 1968; Snyder y Snyder, 2000) puede haber aumentado desde el Pleistoceno, y sólo esta actividad puede haber causado la extinción de los cóndores en partes importantes de sus ámbitos. Otra posibilidad es que las condiciones del viento, que permiten que los cóndores vuelen alto, pueden haberse tornado menos favorables en algunas regiones, originando el abandono de dichas áreas (Tonny y Noriega, 1998).

En muchas localidades fuera de las áreas de distribución de ambas especies de cóndores del siglo XIX, se han encontrado fósiles del Pleistoceno. Por ejemplo, restos de un Cóndor Andino de 13.000 años de antigüedad fueron encontrados en cavernas de Lagoa Santa, Minas Gerais, Brasil (Alvarenga en Sick, 1993), mientras que restos del Cóndor Californiano de 9.500 a 16.000 años fueron descubiertos en Nueva York, Florida, Texas, Nuevo Méjico y Arizona, así como también en California y en otros estados de la región oeste (Emslie, 1987; Snyder y Snyder, 2000).

Los fósiles del Cóndor Californiano descubiertos al oeste del estado de Nueva York, cerca de la villa de Byron, en el condado de Genesee, son especialmente interesantes porque datan de una época (9.000 A.C.) en la que la flora y fauna estaban reocupando la tierra después del derretimiento de los glaciares. La vegetación conífera y boreal, que se caracteriza por las piceas (Picea sp.) y los pinos (Pinus banksiana), dominaba el área de aquella época y se cree que el clima era frío. Los fósiles encontrados en asociación con los fósiles del Cóndor Californiano en este local incluían los extintos mastodontes (Mammut americanum), renos (Rangifer sp.) y ciervos rojos (Cervus elaphus).

Estos hallazgos demuestran que el Cóndor Californiano "podía vivir en un clima más frío en un ambiente boreal y conífero en una época en la que el alimento adecuado (carroña de mamíferos de gran tamaño) aún estaba disponible (Steadman y Miller, 1987)." Synder y Snyder (2000) señalan que la presencia de los fósiles de Cóndores Californianos en lugares tan alegados entre sí, como Nueva York, Florida, la región sudoeste e nordeste del Pacífico, sugiere que esta especie presenta "tolerancias climáticas y habitats muy amplios”. Su conclusión también se encuentra sustentada por la vasta distribución del Cóndor Californiano en el oeste de América del Norte a inicios del siglo XIX, una extensión que incluía la región costera del Pacífico, desde Columbia Británica hasta Baja California, y al interior hasta las regiones del Gran Cañón y de las Montañas Rocallosas (véase la sección anterior).

Selección del Lugar de Anidamiento

Ambas especies de cóndores anidan principalmente en precipicios. Sin embargo, actualmente sólo existen datos detallados de las características del lugar de anidamiento del Cóndor Californiano.

Los cóndores Californianos anidan desde áreas próximas al nivel del mar hasta alturas de 1.830 metros (Snyder et al., 1986). Los lugares para los nidos a grandes alturas difieren de aquellos ubicados a bajas altitudes, en el sentido que estos generalmente miran al sur; pero se desconoce si los precipicios que dan al sur se utilizan con mayor frecuencia porque son más cálidos o simplemente porque son más abundantes (Snyder et al., 1986).

Si bien la mayoría de los nidos de los Cóndores Californianos se ubican en los precipicios (en cuevas, grietas, rajaduras o cornisas sobresalientes), algunos son instalados en pilas de rocas alisadas por la erosión en pendientes empinadas y en cavidades naturales de grandes árboles (Snyder et al., 1986). En la Sierra Nevada de California, por ejemplo, los cóndores no sólo anidan en precipicios, sino también en cavidades de la secoya gigante (Sequoiadendron giganteum), la especie arbórea más grande del mundo (Koford, 1953; Snyder et al., 1986). Un nido construido en una secoya se encontraba a 29 metros del suelo, mientras que, otro situado en una secoya diferente, se encontraba a 30 metros (Snyder et al., 1986). Ambos habían sido colocados en cavidades “producidas por el desgaste de ramas en los principales troncos de los árboles (Snyder et al., 1986)”.

En un estudio con 96 secoyas gigantes, Snyder et al (1986) constataron que 20% de esos árboles presentaban cavidades naturales, todas producidas por desgastes similares, demostrando la dependencia de los cóndores Californianos con respecto al fuego arrasador para producir cavidades para los nidos en esos árboles. En las Montañas de Santa Lucia en la costa de California Central, se encontró un nido de cóndor “en el hoyo de un viejo y alto roble, en un barranco escarpado, cerca de la cumbre de uno de los picos más altos (Taylor, 1859)”.

Se encontró al macho de una pareja de Cóndores Californianos anidando en una cavidad de una secoya gigante, y el año anterior, había anidado con otra hembra a 150 Km. de distancia en una cavidad en un precipicio, demostrando que por lo menos algunos especimenes diversifican la elección de los lugares para anidar (Snyder y Johnson, 1985).

Al parecer los Cóndores Californianos evitan construir nidos en áreas en donde se común encontrar águilas reales (Aquila chrysaetos) (Snyder & Snyder, 2000). Entre los diversos lugares de anidación estudiados en los años 80, sólo uno se encontraba en un territorio en donde era frecuente observar águilas reales (Snyder & Snyder, 2000). Afortunadamente para los cóndores, este territorio también presentaba numerosos nidos de halcones cafés (Falco mexicanus), que protegían al nido del cóndor de la depredación de las águilas espantándolas (para obtener mayor información, consulte la próxima sección: Asociaciones para Proteger a los Nidos).

Como se mencionó líneas arriba, el Cóndor Andino también anida principalmente en precipicios, pero al igual que el Cóndor Californiano, se adapta y puede anidar en otros lugares. Por ejemplo, a largo de la costa árida del Perú, en donde el terreno es relativamente plano, algunos lugares de anidación de esta especie son “poco más que rincones parcialmente cubiertos de sombra pegados a grandes bloques de piedra erosionada en ligeras pendientes (MP Wallace en Snyder y Snyder, 2000)."

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Fotografia:  Cóndor Andino.  Foto de Jacob Dockendorff (Canadá).

 

 

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