Ecología de los Cóndores
Nota:
Esta revisión en línea es actualizada y revisada en forma continua, a
penas se cuenta
con los resultados de nuevas investigaciones científicas.
Por lo tanto, este artículo presenta información actualizada
sobre el tema.
Los cóndores son gigantescas aves de
rapiña que sólo se encuentran en el hemisferio occidental. Dos especies
son reconocidas: el Cóndor Andino (Vultur gryphus) en América del Sur y el
Cóndor Californiano (Gymnogyps californianus) en América del Norte.
El
Cóndor Andino posee mayor tamaño, con una envergadura de hasta 3,2 metros,
en comparación con los 2,7 metros del Cóndor Californiano (Houston, 1994).
Aunque los cóndores poseen suficientes diferencias para ser clasificados
en dos géneros, se encuentran más estrechamente relacionados entre si que
otras aves (Sibley y Alquist, 1990) y su ecología es similar.
Los cóndores pertenecen a la familia de
aves Cathartidae (también denominada Vulturidae). A esta familia se le
conoce popularmente como “Gallinazos del Nuevo Mundo" porque todos sus
miembros se encuentran sólo en el hemisferio occidental. La Cathartidae
incluye al conocido Gallinazo Cabecirrojo (Cathartes aura) y al Gallinazo Cabecinegra (Coragyps atratus), así como también otras tres especies.
Todos tienen la apariencia de ave de rapiña y se especializan en encontrar
y alimentarse de carne de animales muertos. Sin embargo, a diferencia de
los Gallinazos del Viejo Mundo, de apariencia similar y que están
relacionados con los halcones y las águilas, los Gallinazos del Nuevo
Mundo están relacionados con las cigüeñas (Sibley y Alquist, 1990).
En el presente informe, se revisa las
diversas formas en las que ambas especies de cóndores interactúan con
otros animales, plantas y con el medio ambiente, y se explica por qué los
cóndores están en peligro de extinción.
Biología General
Ambos cóndores se alimentan
principalmente da carroña de mamíferos. Normalmente anidan en precipicios
escarpados, sin embargo existen algunas excepciones (véase más adelante).
La nidada es generalmente de un huevo, si embargo, si algo malo ocurriese,
éste será reemplazado con otro huevo. Debido a que los cóndores padres
requieren más de un año para criar a un polluelo, la tasa de reproducción
es extremadamente baja: generalmente sólo un polluelo, en promedio, cada
dos años.
Los Cóndores Andinos en período de
reproducción buscan alimento hasta 200 Km. lejos de sus nidos, mientras
que los Cóndores Californianos lo hacen hasta en 180 Km. (Wallace y
Temple, 1987b; Meretsky y Snyder, 1992). Sin embargo, cuando los alimentos
se concentran en un área pequeña, el radio de búsqueda de alimentos del
cóndor es menor. Por ejemplo, en la costa árida del Perú, donde el océano
arrastra a la orilla un "suministro de alimentos extraordinariamente
constante" de mamíferos y aves marinas muertas, algunos Cóndores Andinos
limitan su búsqueda de alimentos a "trechos de playa de varios kilómetros
de largo (MP Wallace en Snyder y Snyder, 2000)."
Snyder y Snyder (2000) enumeran tres
requisitos de hábitat para los cóndores: (1) vientos o corrientes
ascendentes de aire caliente razonablemente confiables para volar alto,
(2) un hábitat de alimentación suficientemente despejado como para
descubrir y llegar a la carroña y (3) suministros adecuados de carroña. Un
estudio sobre los Cóndores Andinos al sur de Chile descubrió que estos
animales vuelan alto mayormente cuando los vientos son moderados (25-48
Km./h), y con menor frecuencia cuando los vientos son fuertes, es decir,
más de 64 Km./h (Sarno et al., 2000).
Distribución
A principios del siglo XIX, el Cóndor
Andino se reproducía a lo largo de toda la Cordillera de los Andes, desde
el oeste de Venezuela hasta Tierra de Fuego. Aunque esto aún se registra
en la mayor parte de esta cordillera, estos animales han sufrido una
intensa persecución por parte de los seres humanos y han sido exterminados
en muchas localidades (Ridgely y Greenfield, 2001).
De acuerdo con Murphy
(1932), el Cóndor Andino es “un ave de montaña”, que se mantiene a grandes
alturas en las "partes lluviosas y cubiertas de vegetación de América del
Sur", pero que "regularmente desciende hasta a nivel del mar en áreas
desérticas", tales como a lo largo de la costa del Pacífico de Perú y al
norte de Chile, y también a lo largo de la árida costa atlántica de la
Patagonia, desde el sur del Rió Negro hasta el Estrecho de Magallanes
(Murphy, 1936).
Además de existir en las principales
cadenas de la Cordillera de los Andes, el Cóndor Andino también se
encuentra en algunas cadenas montañosas cercanas. Por ejemplo, en las
zonas temperadas y los páramos de la Sierra Nevada de Santa Marta en la
costa caribeña de Colombia (Norton, 1975; Hilty y Brown, 1986), en la
Sierra de Perijá en la frontera de Colombia con Venezuela (Calchi y
Viloria, 1991; Hilty, 2003) y en la Sierra de Córdoba en el centro de
Argentina (Hendrickson et al., 2003). También ingresa al territorio
Brasileño, en el estado de Mato Grosso, específicamente en la “región del
Río Jauru al oeste de Cáceres (Sick, 1993)”.
En el siglo XIX, el Cóndor Californiano
se encontraba a lo largo de la costa oeste de América del Norte, desde el
sur de la Columbia Británica hasta la Sierra San Pedro Mártir al norte de
Baja California (Snyder y Snyder, 2000). En esa época, está ave también se
encontraba en Alberta, Montana, Idaho, Utah y Arizona, pero se desconoce
si los especimenes observados estaban anidando al interior de estos
estados o simplemente pasaban por allí (Snyder y Rea, 1998; Snyder y Snyder, 2000). Los primeros ornitólogos nunca buscaron nidos del Cóndor
Californiano al norte de San Francisco o fuera de California; de modo que
se desconoce el alcance exacto de las áreas de reproducción de esta
especie durante el siglo XIX.
Las tradiciones orales de los indios
Blackfoot relatan observaciones ocasionales y posibles nidos del Cóndor
Californiano en Montana y Alberta durante el siglo XIX, y visitas de estas
aves durante las matanzas de bisontes en las llanuras (Schaeffer, 1951).
Fannin (1897) fue quien confirmó la existencia de cóndores en Alberta, él
observó a dos especimenes entre Calgary y las Montañas Rocallosas. En
Idaho, se informó que la existencia del cóndor era "frecuente" cerca de
Boise antes que los ganaderos comenzasen a "envenenar los cuerpos de
animales muertos para matar a los lobos (TE Wilcox en Lyon, 1918)”.
Durante la primavera, a lo largo del Río
Columbia, el Cóndor Californiano fue “particularmente vinculado a las
proximidades de las cascadas y cataratas, siendo atraído por el gran
número de salmones muertos”, de los cuales se alimenta (Townsend en
Audubon, 1831-39) . A lo largo del mismo río, también se observó al cóndor
“cerca de las villas indígenas [americanas], siendo atraídos por los
restos de peces que se estaban regados cerca de sus moradas (Townsend en
Audubon 1831-39)”. En Arizona, muchos ornitólogos reconocidos, como
Elliott Coues, observaron Cóndores Californianos entre 1865 y 1924, y
consideraron que estaban anidando en dicho estado (Snyder y Rea, 1998).
A finales de los siglos XIX y XX, el
envenenamiento y la caza de cóndores causaron un masivo descenso de muchas
poblaciones, originando la desaparición de ambas especies de cóndores en
muchas partes de sus antiguas áreas. La situación se torno especialmente
difícil para el Cóndor Californiano, que se extinguió de la naturaleza
entre 1987 y 1992.
Afortunadamente, la reproducción en cautiverio y los
programas de liberación han comenzado a devolver a los cóndores a la
naturaleza en algunos de sus antiguos entornos (como por ejemplo,
California, Arizona, Baja California, Colombia y Venezuela). No obstante,
debido a que las parejas de cóndores de ambas especies en período
anidamiento sólo crían, en promedio, a un polluelo cada dos años, y debido
también a que el envenenamiento y la caza aún siguen causando la muerte de
los cóndores en índices alarmantes, será necesario que transcurran muchos
años antes de que el número de cóndores salvajes vuelva a los niveles del
siglo XIX. Hasta entonces, las poblaciones de ambas especies de cóndores
seguirán estando amenazadas.
Distribuciones
Prehistóricas
Ambas especies de cóndores fueron más
abundantes en los períodos prehistóricos que en el siglo XIX. Durante el
Pleistoceno en América del Norte y América del Sur, por ejemplo, los
cóndores parecen haberse distribuido en ambos continentes, desde el
Atlántico hasta el Pacífico, observándose en muchas áreas en donde no se
encuentran hoy en día.
Una posible explicación al florecimiento de los
cóndores en esta época es que grandes manadas de ungulados, así como
también otros grandes mamíferos, como los perezosos y los elefantes,
cruzaban las Américas entonces, proporcionando a los cóndores abundante
carroña de la que se alimentaban. Muchos de estos mamíferos prehistóricos
están en extinción, por lo que la subsiguiente reducción de los grupos de
cóndores se puede relacionar de cierta forma con este hecho (Emslie, 1987;
Steadman y Miller, 1987).
Sin embargo, también existen otras explicaciones.
Por ejemplo, la matanza de cóndores con fines ceremoniales por parte de
los indios Americanos (McMillan, 1968; Snyder y Snyder, 2000) puede haber
aumentado desde el Pleistoceno, y sólo esta actividad puede haber causado
la extinción de los cóndores en partes importantes de sus ámbitos. Otra
posibilidad es que las condiciones del viento, que permiten que los
cóndores vuelen alto, pueden haberse tornado menos favorables en algunas
regiones, originando el abandono de dichas áreas (Tonny y Noriega, 1998).
En muchas localidades fuera de las áreas
de distribución de ambas especies de cóndores del siglo XIX, se han
encontrado fósiles del Pleistoceno. Por ejemplo, restos de un Cóndor
Andino de 13.000 años de antigüedad fueron encontrados en cavernas de
Lagoa Santa, Minas Gerais, Brasil (Alvarenga en Sick, 1993), mientras que
restos del Cóndor Californiano de 9.500 a 16.000 años fueron descubiertos
en Nueva York, Florida, Texas, Nuevo Méjico y Arizona, así como también en
California y en otros estados de la región oeste (Emslie, 1987; Snyder y
Snyder, 2000).
Los fósiles del Cóndor Californiano
descubiertos al oeste del estado de Nueva York, cerca de la villa de
Byron, en el condado de Genesee, son especialmente interesantes porque
datan de una época (9.000 A.C.) en la que la flora y fauna estaban
reocupando la tierra después del derretimiento de los glaciares. La
vegetación conífera y boreal, que se caracteriza por las piceas (Picea
sp.) y los pinos (Pinus banksiana), dominaba el área de aquella época y se
cree que el clima era frío. Los fósiles encontrados en asociación con los
fósiles del Cóndor Californiano en este local incluían los extintos
mastodontes (Mammut americanum), renos (Rangifer sp.) y ciervos rojos (Cervus
elaphus).
Estos hallazgos demuestran que el Cóndor Californiano "podía
vivir en un clima más frío en un ambiente boreal y conífero en una época
en la que el alimento adecuado (carroña de mamíferos de gran tamaño) aún
estaba disponible (Steadman y Miller, 1987)." Synder y Snyder (2000)
señalan que la presencia de los fósiles de Cóndores Californianos en
lugares tan alegados entre sí, como Nueva York, Florida, la región
sudoeste e nordeste del Pacífico, sugiere que esta especie presenta "tolerancias
climáticas y habitats muy amplios”. Su conclusión también se encuentra
sustentada por la vasta distribución del Cóndor Californiano en el oeste
de América del Norte a inicios del siglo XIX, una extensión que incluía la
región costera del Pacífico, desde Columbia Británica hasta Baja
California, y al interior hasta las regiones del Gran Cañón y de las
Montañas Rocallosas (véase la sección anterior).
Selección del Lugar de
Anidamiento
Ambas especies de cóndores anidan
principalmente en precipicios. Sin embargo, actualmente sólo existen datos
detallados de las características del lugar de anidamiento del Cóndor
Californiano.
Los cóndores Californianos anidan desde áreas próximas al nivel del mar
hasta alturas de 1.830 metros (Snyder et al., 1986). Los lugares para los
nidos a grandes alturas difieren de aquellos ubicados a bajas altitudes,
en el sentido que estos generalmente miran al sur; pero se desconoce si
los precipicios que dan al sur se utilizan con mayor frecuencia porque son
más cálidos o simplemente porque son más abundantes (Snyder et al., 1986).
Si bien la mayoría de los nidos de los
Cóndores Californianos se ubican en los precipicios (en cuevas, grietas,
rajaduras o cornisas sobresalientes), algunos son instalados en pilas de
rocas alisadas por la erosión en pendientes empinadas y en cavidades
naturales de grandes árboles (Snyder et al., 1986). En la Sierra Nevada de
California, por ejemplo, los cóndores no sólo anidan en precipicios, sino
también en cavidades de la secoya gigante (Sequoiadendron giganteum), la
especie arbórea más grande del mundo (Koford, 1953; Snyder et al., 1986).
Un nido construido en una secoya se encontraba a 29 metros del suelo,
mientras que, otro situado en una secoya diferente, se encontraba a 30
metros (Snyder et al., 1986). Ambos habían sido colocados en cavidades
“producidas por el desgaste de ramas en los principales troncos de los
árboles (Snyder et al., 1986)”.
En un estudio con 96 secoyas gigantes, Snyder et al (1986) constataron que 20% de esos árboles presentaban
cavidades naturales, todas producidas por desgastes similares, demostrando
la dependencia de los cóndores Californianos con respecto al fuego
arrasador para producir cavidades para los nidos en esos árboles. En las
Montañas de Santa Lucia en la costa de California Central, se encontró un
nido de cóndor “en el hoyo de un viejo y alto roble, en un barranco
escarpado, cerca de la cumbre de uno de los picos más altos (Taylor,
1859)”.
Se encontró al macho de una pareja de Cóndores Californianos anidando en
una cavidad de una secoya gigante, y el año anterior, había anidado con
otra hembra a 150 Km. de distancia en una cavidad en un precipicio,
demostrando que por lo menos algunos especimenes diversifican la elección
de los lugares para anidar (Snyder y Johnson, 1985).
Al parecer los Cóndores Californianos evitan construir nidos en áreas en
donde se común encontrar águilas reales (Aquila chrysaetos) (Snyder &
Snyder, 2000). Entre los diversos lugares de anidación estudiados en los
años 80, sólo uno se encontraba en un territorio en donde era frecuente
observar águilas reales (Snyder & Snyder, 2000). Afortunadamente para los
cóndores, este territorio también presentaba numerosos nidos de halcones
cafés (Falco mexicanus), que protegían al nido del cóndor de la
depredación de las águilas espantándolas (para obtener mayor información,
consulte la próxima sección: Asociaciones para Proteger a los Nidos).
Como se mencionó líneas arriba, el Cóndor Andino también anida
principalmente en precipicios, pero al igual que el Cóndor Californiano,
se adapta y puede anidar en otros lugares. Por ejemplo, a largo de la
costa árida del Perú, en donde el terreno es relativamente plano, algunos
lugares de anidación de esta especie son “poco más que rincones
parcialmente cubiertos de sombra pegados a grandes bloques de piedra
erosionada en ligeras pendientes (MP Wallace en Snyder y Snyder, 2000)."
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Fotografia: Cóndor Andino.
Foto de Jacob Dockendorff (Canadá).
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