Ecología del Ocelote y el Margay
Nota:
Esta
revisión en línea es actualizada y revisada en forma continua, a penas
se cuenta con los resultados
de nuevas investigaciones científicas. Por lo tanto, este artículo presenta información actualizada
sobre el tema.
El
ocelote o manigordo (Leopardus pardalis) y el margay (Leopardus wiedi)
son dos felinos pequeños con manchas que viven en los bosques
neotropicales. Están más íntimamente relacionados entre sí que con
otros felinos y son descendientes de un ancestro común reciente (Slattery
y colaboradores 1994; Masuda y colaboradores 1996; Eizirik y
colaboradores 1998). En el presente informe, comparamos la ecología de
estos dos felinos y observamos las similitudes y las diferencias.
Aunque
tienen una apariencia similar, el ocelote y el margay pueden diferenciarse
por detalles pequeños (Emmons 1990). Por ejemplo, la cola del margay es
más larga que sus patas posteriores, mientras que la cola del ocelote es
más corta que sus patas posteriores (Emmons 1990). Además, el ocelote es
más grande y robusto que el margay (pesa tres veces más, por lo menos) y
generalmente caza sobre el terreno (Goldman 1920; Emmons 1988). Por el
contrario, el margay busca su alimento principalmente en los árboles
(Guggisberg 1975; Konecny 1989) y muestra un gran nivel de adaptación a
la vida arbórea. Por ejemplo, el menor tamaño del margay le permite
caminar más sobre las ramas que el ocelote y su cola más larga le
permite mantener el equilibrio con más facilidad. También tiene una
capacidad superior para brincar (Petersen 1977) y sus garras son
proporcionalmente más largas que las del ocelote (Leyhausen
1963; Konecny 1989). Además, el margay es el único felino del Nuevo Mundo que
tiene articulaciones que giran lo suficiente para permitirle saltar de
cabeza de los árboles con las patas posteriores volteadas hacia el
tronco, al igual que una ardilla (Leyhausen 1963; Emmons 1990).
Distribución
y hábitat
El
margay habita en un área que abarca desde el estado mexicano de Sonora y el Valle Bajo de Rio Grande de Texas hasta Uruguay y
Argentina (Gallo-Reynoso
and Navarro-Serment 2002).
Unicamente se conoce un espécimen del período histórico de Texas: un adulto macho cazado en Eagle Pass que ingresó en 1852 a la colección del Museo Nacional de
Estados Unidos (Hollister 1914).
Debido a que el margay generalmente es
menos abundante que el ocelote en esta área geográfica (Goldman 1920; Leopold 1959) y tiene hábitats secretos, se desconoce si los margays
siguen viviendo al sur de Texas. La desforestación extensiva y despeje de
arbustos que ha tenido lugar aquí, sobre todo la destrucción del bosque
de árboles altos de ahuehuete o sabino (Taxodium mucronatum) y
palma de micharos (Sabal texana) a lo
largo del Rio Grande Bajo no deja mucha esperanza.
El espécimen de Eagle
Pass se diferencia de los margays mexicanos en el hecho de que su pelaje
es más largo, tiene manchas negras sólidas en la espalda, en vez de áreas
adyacentes más claras (Goldman 1943). Por esta razón, el espécimen del margay encontrado en Eagle Pass fue clasificado como una subespecie única,
dándosele el nombre científico de Leopardus wiedii cooperi (Goldman 1943).
Aunque muchas personas asumen que el margay únicamente
se encuentra en los bosques tropicales de tierras bajas, Nelson y Goldman
(1931) capturaron un espécimen macho adulto de este felino a una altitud
de más de 3000 metros, cerca de la cumbre del Cerro San Felipe, en
Oaxaca, México en 1894. Aunque es posible que éste y el espécimen de
Eagle Pass tan sólo fueran felinos individuales que vagabundeaban fuera de sus hábitats normales, este hecho demuestra que tenemos mucho que aprender
acerca del margay.
En este sentido, existen registros
prehistóricos de especial interés debido a que sugieren una mayor
penetración de estas especies en lo que hoy se conoce como Estados Unidos
de América. Por ejemplo, un espécimen subfósil del margay de 2,400 A.C.
fue recogido en un yacimiento de conchas en una zona de marisma cercana a
la desembocadura del río Sabine en el Condado de Orange, Texas (Eddleman y
Akersten 1966). Esta localidad está ubicada a corta distancia de la
frontera oeste entre Texas y Louisiana.
El
ocelote actualmente habita una región que abarca desde el sur de Texas y
Sonora hasta el norte de Argentina y Uruguay. No obstante, su área geográfica
en épocas históricas fue considerablemente mayor. En el siglo XVIII, había
ocelotes en todo el Estado de Texas y también en algunas partes de los
Estados de Arkansas, Louisiana y Arizona (Hall 1981). La desaparición
del ocelote de la mayor parte de su área geográfica en Estados Unidos
constituyó una gran pérdida, como Audubon observó, ya que es el más
hermoso de los felinos que se encuentran en Norteamérica (Audubon &
Bachman 1846).
Según estudios acerca de los ocelotes que quedan en los
Estados Unidos (es decir, los del sur de Texas), éstos se restringieron a hábitats de espinos y bosques densos con más de 95% de cobertura de
follaje (Shindle 1996, Shindle & Tewes 1998; Harveson
et al. 2004). Lamentablemente, debido
al despeje de arbustos y desforestación extensivos por parte del hombre,
menos del 1% del sur de Texas ahora conserva esta clase de hábitats
(Tewes & Everett 1986). El resultado es que los últimos ocelotes
sobrevivientes de los Estados Unidos (aproximadamente 100 en número)
actualmente se encuentran en peligro porque sus hábitats de arbustos y
bosques prácticamente han desaparecido (Mora 2000; Haines et al. 2005).
Estudios realizados
en otras partes del área de influencia del ocelote confirman que este
felino prefiere la cobertura densa de los hábitats de bosques y espinos
(Ludlow & Sunquist 1987; Emmons, 1988). En los llanos de Venezuela,
por ejemplo, los ocelotes rastreados por radio pasan la mayor parte de su
tiempo (81%) en los bosques (Sunquist y colaboradores 1989). Evitan los hábitats
de sabanas de palmeras y montes de arena que son más abiertos, salvo por
las noches en que ocasionalmente visitan estos hábitats (Sunquist y
colaboradores, 1989). Ludlow & Sunquist (1987) sugieren que los
ocelotes prefieren las cubiertas densas porque sus presas son más
abundantes ahí que en hábitats más abiertos. No obstante, también es
posible que los ocelotes rehuyen de las áreas abiertas para evitar
enemigos. Konecny (1989) siguió con radio ocelotes y margays simpátricos
en Belice y descubrió que ambas especies preferían los bosques.
Hábitos
alimentarios
Konecny
(1989) estudió y comparó los hábitos alimentarios del ocelote y margay
simpátricos en el bosque tropical de Belize. Descubrió que ambos felinos
principalmente se alimentaban de mamíferos pequeños, pero se
concentraban en diferentes especies. Los margays cazaban más presas arbóreas
que los ocelotes concentrándose en roedores arbóreos, tales como las
ratas trepadores de orejas grandes (Ototylomys phyllotis) y
ardillas montañeras (Sciurus deppei). Además, los margays se
alimentaban más de pájaros pequeños, frutas y artrópodos que los
ocelotes. Los ocelotes se alimentaban más de presas terrestres que los
margays, menos pájaros, e incluían animales más grandes en su dieta.
Las presas que con más frecuencía consumían los ocelotes eran las zarigüeyas
(Didelphis marsupialis comúnmente conocida como
"tacuazin", "chucha común", "mucura",
"yalu", "muca", "raposa";
Philander
opossum más conocida como "chucha gris de cuatro
ojos", "pericote", "cuica común;
"ratón
tlacuache Marmosa spp.) y los armadillos (Dasypus novemcinctus).
Los ocelotes también comían Agouti paca más comúnmente
conocido como "paca", "majaz", "guagua",
"picuru", "guanta", "lapa"; Rattus rattus
– Rata negra; Mazama americana – venado colorado; y Tamandua
mexicana – oso hormiguero común.
Otros
estudios confirman que el ocelote depreda principalmente mamíferos
terrestres de tamaño pequeño a mediano. En los Llanos de Venezuela,
Sunquist et al. (1989) descubrieron que el ocelote se alimentaba
principalmente de ratones de caña (Zygodontomys brevicauda),
ratones de bolsa (Heteromys anomalus), también conocidos como
"ratones espinosos"), ratas de pantano (Holochilus
brasiliensis) y marmotas (Marmosa robinsoni). No obstante,
también comían frecuentemente salamandras, sobre todo el género Iguana.
En un bosque tropical de Costa Rica, Chinchilla (1997) descubrió que el
ocelote usualmente se alimentaba de roedores terrestres de tamaño pequeño
y mediano. Las presas más frecuentes eran el ratón espinoso (Proechimys
semispinosus, también conocido como "mocangué" o
"sacha cuí") y el ratón semiespinoso (Heteromys
desmarestianus, tambien conocido como "ratón de bolsa").
También comía una especie de pájaros, la pava cojolita (Penelope
purpurascens).
En
la amazonía peruana (Emmons 1987, 1988) encontró resultados similares.
En el bosque húmedo tropical virgen, los ocelotes principalmente se
alimentaban de roedores terrestres pequeños. Las especies consumidas con
más frecuencia eran varias especies de ratones espinosos (Proechimys ssp),
seguido por las ratas arroceras (Orysomys ssp). También comían pájaros,
serpientes y salamandras, aunque no se identificaron las especies. Los
ratones espinosos y las ratas del arroz eran los mamíferos terrestres
pequeños más abundantes del área. En consecuencia, Emmons llegó a la
conclusión de que el ocelote, al igual que otros felinos del bosque húmedo,
era un cazador oportunista que se alimentaba de cualquier animal que
encontrara y pudiera doblegar.
En
los Llanos de Venezuela, Ludlow y Sunquist (1987) también informaron que
los ocelotes eran cazadores oportunistas. Durante la temporada de lluvias,
época en que los cangrejos de tierra son abundantes, éstos eran la presa
principal de los ocelotes. Sin embargo, durante la temporada seca, época
en que los cangrejos de tierra son escasos, los roedores e iguanas fueron
la presa principal. Los investigadores concluyeron que, durante la
temporada de lluvias, los cangrejos proporcionaban a los ocelotes una
fuente de alimentos fácil de capturar que parcialmente reemplazaba la
presa normal de su dieta. En
un bosque tropical deciduos en el estado mexicano de Jalisco, la iguana de
la roca (Ctenosauro pectinata) era la presa más importante de los ocelotes,
seguida del ratón de bolsas bucales (Liomys
pictus; Meza et al. 2002).
Beebe (1925)
registró la depredación por el margay de las cuatro especies animales
que se indican a continuación en Guyana Británica: el machín negro (Cebus
apella, también conocido como "mico maicero"), el perezoso
de tres dedos (Bradypus tridactylus), el puercoespín (Coendou
prehensilis, también conocido como "erizo") y el momoto
coroniazul (Momotus momota).
Durante la Estación Seca en el Estado de São
Paulo, SE Brasil, Wang (2002) encontró que el ocelote, el margay y el
tigrillo chico (Leopardus tigrinus) simpátricos se alimentaban
principalmente de pequeños mamíferos terrestres (1 Kilogramo) La diferencia
entre el ocelote, el margay y el tigrillo chico es que el primero
también se alimenta de mamíferos más grandes (3 kilogramos), es decir el
perezoso de tres dedos y el Armadillo de nariz larga (Dasypus
novemcinctus) y de más serpientes, mientras que el Oncilla come más aves.
El Margay era más general y no se concentraba en una especie en particular.
Acecho
por parte de sus enemigos
Al
igual que muchos depredadores, el ocelote y el margay a veces son atacados
por animales que desean cazar para alimentarse. En la amazonía peruana,
Emmons (1988) observó un grupo de pavas amazónicas (Penelope jacquacu)
que atacaban un ocelote. En otras cuatro ocasiones, también observó
varias especies de monos (el coto mono Alouatta seniculus,
el maquisapa Ateles paniscus y el machín negro Cebus
apella) que emitían fuertes gritos de alarma desde los árboles sobre
los ocelotes que caminaban sobre el terreno. Los monos seguían a los
ocelotes mientras éstos se desplazaban por el bosque. En la amazonía
colombiana, Izawa (1978) observó pichicos (Saguinus nigricollis,
también conocidos como "chichicos", "bebelches" o
"leoncitos") que fastidiaban un ocelote.
Passamani
(1995) observó como un grupo de cinco monos titís de oreja con penacho (Callithrix
jacchus geoffroyi) y un mono tití de máscara (Callicebus
personatus) acechaban a un margay en el bosque húmedo del sureste de
Brasil. Durante los cinco primeros minutos del acecho que duró 22
minutos, el margay se escondió (de la observación en tierra de la que
era objeto) en la copa de una bromelia alta situada a seis metros del
suelo. El acecho tuvo lugar en una ruta arbórea usada con regularidad por
los monos titís para visitar una fuente de caucho importante.
Al
igual que muchos otros carnívoros mamíferos pequeños, los ocelotes y
los margays a veces son depredados por carnívoros más grandes (Palomares
& Caro1999). Por ejemplo, en Venezuela, L. Pantin (véase Mondolfi
& Hoogesteijn 1986) observaron un jaguar (Panthera onca) que
cruzaba un llano en la sabana llevando en la boca un ocelote macho adulto
que acababa de matar. Al percibir que era observado por un ser humano, el
jaguar atemorizado soltó el ocelote y huyó. Entonces, el testigo tomó
el ocelote y lo guardó para la identificación positiva de su piel. En
Costa Rica, Chinchilla (1997) descubrió restos de un ocelote en la
guarida de un jaguar, lo que demostraba que este felino más grande a
veces come ocelotes.
Patrones
de actividad
Al
igual que la mayoría de mamíferos, el ocelote y el margay son animales
principalmente nocturnos (Ludlow y Sunquist, 1987; Emmons 1988; Konecny
1989; Crawshaw & Quigley 1989). Ludlow y Sunquis (1987) sugieren que el ocelote principalmente está
activo de noche, porque la mayoría de sus presas también son
principalmente activas de noche. Estos investigadores también observaron
que cuando el ocelote caza presas diurnas (es decir, presas activas
durante el día), tales como pájaros, el ocelote también se vuelve
activo durante el día.
Anteriormente,
discutimos la preferencia del ocelote por la vegetación densa y su evasión
de los hábitats más abiertos durante el día. Aunque por lo general es
cierto, es importante observar que los ocelotes a veces visitan hábitats
más abiertos de noche si la oscuridad es suficiente para ocultar sus
movimientos. Por ejemplo, en la amazonía peruana, se descubrió que los
ocelotes eran igualmente activos en las noches de luna llena que en las
noches sin luna oscuras (Emmons et al. 1989). Visitaban áreas
abiertas en las noches sin luna. No obstante, cuando la luna resplandecía
y la luz alumbraba los claros del bosque, los ocelotes limitaban su búsqueda
de presas a la vegetación más densa (donde había más oscuridad). Emmons
et al. (1989) consideran que el ocelote no puede cazar
cuando hay luz que reduce su capacidad felina de acercarse sigilosamente a
su presa. Por esta razón, argumentan que el ocelote evita las áreas
abiertas iluminadas por la luz lunar o la luz solar. Sin embargo, estos
investigadores también reconocieron que el ocelote puede evitar los
espacios abiertos iluminados para evadir felinos más grandes, tales como
el jaguar (Panthera onca) y el
puma (Puma concolor). Ludlow
y Sunquist (1987) también sugirieron que los ocelotes evitaban los hábitats
abiertos durante el día porque estas áreas sólo tenían unos cuantos
lugares de descanso diurnos ideales.
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Información
sobre esta Revisión
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portugués
Autor:
Dr. Paul D. Haemig (PhD en Ecología Animal) Ecology Online
Fotografía: Ocelote, Perú. Foto de Ellie McCoy
(Estados
Unidos de América).
La
mención correcta es:
Haemig
PD 2008
La
Ecología del Ocelote y el Margay. ECOLOGIA.INFO #9.
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omitido en esta revisión,o tiene sugerencias para mejorarla, sírvase
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