Ecología de la Vicuña y Su Ordenación
Cristián
Bonacic
Fauna Australis
Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal
Pontificia Universidad Católica de Chile
Santiago, Chile
Nota: Procuramos mantener este artículo actualizado a medida que se
obtienen nuevos resultados científicos. Por lo tanto, presenta información
de último momento sobre el tópico que cubre.
La vicuña (Vicugna vicugna) es el miembro mas pequeño de la familia
de los camélidos (Camelidae) que aun se conserva. Habita entre los 3000 y
los 4600 metros sobre el nivel del mar, en las altas mesetas andinas del
centro y sur del Perú, la zona occidental de Bolivia, el norte de Chile y
el noroeste de Argentina. Allí, su hábitat es la puna, una estepa elevada
de hierbas bajas, semidesértica y sin árboles, ubicada por encima de las
zonas cultivadas.
La vicuña esta bien adaptada a la vida
en este árido ambiente. Posee una formidable lana, valorada y trabajada
por el hombre desde épocas precolombinas. Esta lana la protege del frío y
de los vientos extremos de la puna y le sirve de cojín al descansar
directamente sobre el suelo. A diferencia de los camellos, sus parientes
del viejo mundo, la vicuña tiene patas mas hendidas, que le permiten
caminar y correr mas hábilmente en las pendientes rocosas y riscos típicos
de la puna (Koford, 1957). Otra importante adaptación al medio que la
vicuña presenta son sus dientes, que crecen continuamente, y al parecerse
a los dientes de un roedor, le permiten “pacer sobre las hierbas cortas y
el pasto perenne directamente del suelo” (Franklin, 1983; Renaudeau d’Arc
y otros, 2000). La vicuña es “el único ungulado que posee incisivos de
raíz descubierta y crecimiento continuo” (Miller, 1924; Franklin, 1983;
Renaudeau y otros, 2000).
La vicuña presenta interesantes
similitudes con el berrendo (Antilocapra americana) de Norteamérica
(Koford, 1957). A pesar de no estar relacionados, ambos ungulados son de
tamaño similar, habitan praderas ventosas, y son extremadamente veloces,
capaces de alcanzar increíbles velocidades para escapar del peligro. Ambos
son animales muy inquisitivos, y se acercan “a cualquier objeto que esté
parcialmente escondido, como si quisiera identificarlo con una inspección
mas cercana” (Koford, 1957).
La vicuña es uno de los cuatro
representantes de la familia del camello que se encuentran en Sudamérica.
Los otros tres son: el guanaco (Lama guanicoe), la llama (Lama
glama), y la alpaca (Vicugna pacos). La vicuña y el guanaco son
especies salvajes, mientras que la llama y la alpaca son domesticables. En
este articulo, hablaremos de la ecología y la ordenación de la vicuña.
Distribución geográfica y diferentes
razas
La vicuña actualmente habita los andes
entre los 9º 30’ latitud sur y los 29º 00’ latitud sur. Sin embargo,
tiempo atrás, se la podía encontrar mucho más al norte. En el siglo XVI,
por ejemplo, Cieza de León (1550, Ref. de 1984) habla de vicuñas que
habitaban en Huamachuco, Perú, y en las regiones de Loja y Riobamba, en
Ecuador.
Se reconocen dos subespecies geográficas
de vicuña: una del sur, Vicugna vicugna vicugna, y una del norte,
Vicugna vicugna mensalis (Torres, 1992; Palma y otros, 2001). La
línea divisoria de las dos subespecies se ubica aproximadamente en los 18º
latitud sur, sin embargo, no se ha trazado un límite preciso, y la
recuperación de la población de vicuñas hace difícil aclarar la antigua
división de las subespecies. La especie del sur es mayor en tamaño y de
color más claro que la especie del norte.
Relación con los
camélidos domésticos
El origen de los camélidos domésticos
sudamericanos, la llama y la alpaca, fue poco claro durante muchos años,
debido a la “hibridación, a la casi extinción durante la conquista
española y a las dificultades en la interpretación arqueológica” (Kadwell
y otros, 2001). Los biólogos, desde siempre pensaron que ambos la llama y
la alpaca descendían del guanaco, y que la vicuña nunca había sido
domesticada por el hombre. Sin embargo, investigaciones genéticas mas
recientes, sugieren que, mientras la llama si desciende del guanaco; la
alpaca desciende de la vicuña. (Kadwell y ot. 2001). Se estima que la
domesticación de la alpaca se llevo a cabo hace unos “6000 o 7000 años en
los andes peruanos.
Los estudios genéticos demuestran
también que la subespecie de vicuña del norte V. v. mensalis es la
especie mas cercana a la alpaca mientras que la subespecie del sur
presenta una relación mas próxima con un taxón basal (un camélido
primitivo de América del Sur) (Kadwell y ot. 2001).
Organización social
La vicuña es un animal social y se
encuentra normalmente en manadas, es difícil encontrarlas en solitario.
Las manadas pueden ser de dos clases: (1) Grupos familiares, o (2) tropas
de machos.
Un grupo familiar se compone de un macho dominante que establece y
conserva un territorio permanente durante todo el año (Macdonald, 1985).
El tamaño del territorio varía según la calidad de los pastos y de otros
recursos (Franklin 1983). El grupo familiar consiste, entonces, de este
macho dominante, muchas hembras adultas, hembras jóvenes (de al menos un
año de edad) y los vástagos, de ambos sexos y menores de un año (Franklin,
1982; Wilson, 1975; Bonacic y ot., 2002).
Una manada de machos se compone de machos jóvenes (uno a cuatro años de
edad) que han sido expulsados de sus grupos familiares y machos de mas
edad que han perdido sus territorios. A diferencia de los grupos
familiares, las manadas de machos no conservan un territorio y no parecen
tener líderes (Koford, 1957). Estos grupos constituyen una categoría no
reproductora, y se los suele llamar “grupos de solteros”.
Una vicuña que va sola puede ser un adulto macho sin territorio, o un
adulto macho con territorio, pero sin hembras. Puede tratarse también de
un antiguo líder de que ha sido desplazado de su territorio por un nuevo
macho. Este tipo de individuos también son unidades no reproductoras.
(Glade y Cattan, 1987).
Las vicuñas macho y hembra son muy similares en apariencia, esto hace que
sea muy difícil distinguir las manadas de machos de los grupos familiares.
Sin embargo, durante el otoño, invierno y el comienzo de la primavera, las
manadas familiares pueden reconocerse porque tienen vástagos menores de un
año de edad (Koford, 1957).
Pilas de excremento comunitarias
Las vicuñas y otros camélidos sudamericanos orinan y defecan en pilas
comunitarias. Todos los individuos de una manada, ya sea un grupo familiar
o una manada de machos, usan las mismas pilas, y “las bandas desplazadas
usan las pilas de otras manadas sin problemas” (Koford, 1957). Aun mas
sorprendente es el hecho de que “las alpacas y las llamas usan las mismas
pilas de excremento que usan las vicuñas” (Koford, 1957).
Una pila de excrementos típica suele tener “unos 30 cm. de alto en el
centro y un diámetro de unos 4,5 metros” (Koford, 1957). En las áreas
donde abundan las vicuñas y el suelo es llano, las pilas de excremento
suelen estar dispersas regularmente, a unos 45 o 50 metros unas de otras.
(Koford, 1957).
Una pregunta importante a nivel ecológico que necesita respuesta es la
siguiente: “¿qué efecto tienen estas pilas de excremento en el crecimiento,
distribución y cantidad de las diversas plantas y animales de la puna?”
Según Koford (1957), “la mayoría de las plantas que crecen sobre o cerca
de estas pilas son llamativamente diferentes de las plantas de la llanuras
que las rodean,” y “al final de la estación de lluvias, manchas verdes y
brillantes marcan la ubicación de las pilas de excremento, y en muchos
cerros áridos, estas marcas son el único follaje que se puede apreciar a
la distancia”.
Predadores
En áreas pobladas por el hombre, los perros de las aldeas matan vicuñas
mas a menudo que cualquier otro predador animal (Koford, 1957). Sin
embargo, hay otros animales carnívoros autóctonos que son sus predadores,
y entre ellos se encuentran el puma (Puma concolor) y el zorro andino (Pseudalopex
culpaeus) (Cajal y Lopez, 1987). Este último ha sido denominado el
“equivalente ecológico” del coyote (Canis latrans) de Norteamérica (Koford,
1957).
Como el berrendo de Norteamérica, hasta las vicuñas mas jóvenes pueden
escapar de sus predadores. Por ejemplo, una cría de vicuña observada por
Koford (1957), levantó la cabeza 20 minutos después del nacimiento, luego
caminó cientos de metros a través de una pendiente rocosa detrás de su
madre a la hora de su nacimiento. A las tres horas de su nacimiento, se la
vio corriendo unos 200 metros a través de una pendiente rocosa a una
velocidad de 24 kilómetros por hora durante una hora con su madre.
La cría de vicuña es entonces mas vulnerable para sus predadores durante
su primera hora de vida. Koford (1957) observó a una vicuña dando a luz a
una cría. Un minuto después de que la cría toco el suelo, cinco
cóndores
andinos adultos (Vultur gryphus) se posaron a unos nueve metros de
distancia de la cría. En unos veinte minutos, la cantidad de cóndores
ascendía a catorce. El comportamiento defensivo de la vicuña madre, y de
otras hembras preñadas del grupo, evitó que los cóndores se acercaran a
mas de dos metros de la indefensa cría. En media hora, los cóndores
partieron. Estas aves son incapaces de atacar vicuñas vivas adultas, a
pesar de que se lo suele ver alimentándose de la carroña de vicuñas
muertas.
Selección del hábitat
A pesar de que la vicuña está restringida a la puna, no ocupa la totalidad
de este árido ecosistema. En los Andes argentinos, no se encontraban
vicuñas en el hábitat más común de la puna, el peladar, que se trata de
una amplia llanura abierta “de suelo de pura roca, donde se encuentran
arbustos aislados de Acantholippia hastulata”, aunque poco frecuentemente
(Renaudeau d’Arc y ot., 2000). En vez, las vicuñas preferían pastar en el
hábitat menos extendido de la puna, el bofedal, un área pantanosa de menos de
una hectárea que presenta “aguas subterráneas, lagunas o arroyos” y que
posee “una condición edáfica mas húmeda, donde pastos resistentes y
hierbas verdes, en especial el Oxycholoe y especies rizomatosas cubren
casi el 100% del suelo”(Renaudeau d’Arc y ot. 2000). La preferencia de las
vicuñas por los bofedales también fue destacada por Glade (1987), Lucherini y
Birochio (1997) y Lucherini y ot. (2000).
Koford (1957) indica que a pesar de que se pueden encontrar vicuñas en
territorios pantanosos, éstas se pueden ubicar más comúnmente próximas a
pendientes ascendentes. Koford observa que las vicuñas escapan de algunos
predadores subiendo a cuestas empinadas y que utilizan sitios en tierra
firme en “pendientes mas moderadas, bastante debajo de las cumbres” como
sitios para dormir durante la noche. Otra ventaja es que el pie de los
cerros suele ser un buen lugar para pastar, ya que el suelo allí es más
bajo y más húmedo que cuesta arriba (Koford, 1957).
El uso del hábitat varía de según la hora del día. En muchas áreas de los
Andes, las vicuñas pasan la noche y la madrugada en las cuestas. Más
entrada la mañana, descienden a los bofedales, donde pastan libremente.
(Glade, 1987; Renaudeau d’Arc y ot. 2000).
Las vicuñas beben agua todos los días, y se siempre se las encuentra a una
distancia máxima de dos kilómetros de un cuerpo de agua (Koford, 1957),
que puede tratarse de un lago, un arroyo, o un manantial; aunque a menudo
hasta un charco al lado de alguna carretera o en una mata de vegetación ya
les basta (Koford, 1957).
En un área de los Andes argentinos que esta desprovisto de aldeas
permanentes, Lucherini y ot. (2000) observaron que, durante un año en que
los pumas invadieron su campo de estudio, las manadas de vicuñas machos
pasaban menos tiempo en los bofedales y en otras áreas verdes cercanas a los
ríos (100 metros o menos), para pastar en áreas menos verdes y más
alejadas de los ríos (más de un kilómetro y medio). Estos investigadores
creen que la razón del cambio de hábitat es el miedo a los pumas, que
cazaban más frecuentemente a lo largo del río, donde mataban más vicuñas
que en otros sitios.
Patrones de comportamiento
Durante el otoño argentino, las vicuñas pasan más tiempo en busca de
comida y menos tiempo descansando que en verano (Vila y Cassini, 1993). En
ambas estaciones, las vicuñas beben agua a lo largo del día, siendo el
mediodía el período en que mas beben (Vila y Cassini, 1993). Sin embargo,
el consumo de agua durante las tardes, es mayor en verano que en otoño
(Vila y Cassini, 1993). Esto se debe a que ambas la temperatura ambiente y
la humedad son más altas durante el verano (Vila y Cassini, 1993).
En Chile, Glade (1987) observó que la temporada de nacimientos se dio
entre la segunda semana de febrero y la última de marzo, de la que
resultaron exitosos unos 65 a 68 de 100 nacimientos. El catorce por ciento
de los becerros murió en los tres primeros meses, y la mortalidad alcanzó
un 17,6 % al año de vida. Los que sobrevivieron fueron rechazados de sus
grupos familiares entre los 6 y los 12 meses de vida, y el 54,5 % de las
expulsiones se dieron en febrero. Glade también destacó que la relación de
sexos es de 33 vicuñas macho por cada 100 hembras. El grupo familiar
promedio tiene 5,6 individuos (1 líder macho, 3 hembras y 1,6 becerros).
Interacción entre los camélidos
Las vicuñas suelen pastar próximas a manadas de llamas, de alpacas e
incluso de ovejas durante el día, en especial en prados o bofedales. El
pastoreo diario de estos animales, no requiere mucho esfuerzo, los
pastores normalmente conducen las manadas de los corrales a los prados
para pastar durante el mediodía. Usualmente, las vicuñas no tienen que
recorrer una gran distancia para alcanzar su zona de pastoreo. Sin
embargo, la proximidad que suele haber entre las manadas de vicuñas de
pastoreo y otros animales de ganado doméstico hace más fácil la
transmisión de enfermedades entre especies. Además, en ocasiones, los
pastores suelen agrupar en un mismo corral las vicuñas, llamas, alpacas y
vicuñas huérfanas que ellos mismos crían.
Es posible forzar una vicuña a aparearse con una alpaca. De esta manera se
gesta un fértil vástago llamado “paco-vicuña”. Estos poseen una lana más
tosca que la de la vicuña y son menos dóciles que la alpaca.
Características físicas
Físicamente, la vicuña es el más particular de los camélidos sudamericanos
(figura 1). Es de menor tamaño que la alpaca y no pesa más de 40 o 50
kilos en su adultez. Llega al metro y medio de altura (Macdonald, 1985).
La longitud total del cuerpo (de la punta de la nariz a la base de la
cola) varía entre los 1,10 y 1,90 metros (Paucar y ot. 1984; Burton y
Pearson, 1987).
La vicuña se distingue de la alpaca, el guanaco y la llama por su menor
tamaño, su contextura más ligera y su coloración. Es de color granate
oscuro en el lomo, mientras que la parte baja y la parte interior de las
patas es blanca. Se suelen ver alpacas con la misma coloración que la de
las vicuñas en manadas domésticas, pero se las puede distinguir de las
vicuñas por su lana más espesa y su contextura más robusta. Los guanacos
pequeños (chulengos) pueden tener un tamaño y comportamiento similares a
las vicuñas adultas o juveniles, pero normalmente tienen las caras oscuras,
en comparación con las caras mas claras de las vicuñas.
Censos de población
Los hábitos ecológicos de la vicuña, y la gran visibilidad apreciable en
la puna hacen posible el uso de técnicas de recuento total para censar y
estimar la población. (Cueto y ot., 1985; Hoffmann y ot., 1983). Estos
cálculos han tenido una importancia clave en los programas para evaluar
tanto la conservación de las vicuñas como la efectividad de las medidas
contra la caza furtiva. Los censos anuales comenzaron a realizarse en Perú
en 1969, y en Chile en 1975. Se calcula que la población actual de vicuñas
es de 120.000 individuos en Perú, 30.000 en Bolivia, 25.000 en Chile y
23.000 en Argentina (figura 2) (Galaz, 1998; Hoces, 1999; Rendon, 1998).
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